En el tercer año del proyecto de conservación de la lechuza común (Tyto alba) en la Puebla de los Infantes se introdujo la novedad de instalar un sistema de videovigilancia con el que realizar el seguimiento del ciclo reproductivo de la pareja.
Las primeras semanas transcurrieron con normalidad, la pareja se estableció y pronto comenzaron las cópulas, las cebas del macho a la hembra como regalos nupciales típicos del cortejo de la especie, y por fin la puesta y la inmediata incubación del primer huevo por parte de la hembra, que sería la encargada de incubar los huevos hasta su eclosión, como es propio en la lechuza.
Con el paso de los días, uno tras otro se fue sucediendo la puesta de los huevos de manera escalonada hasta un total de 9. A los 30 días nació el primer pollo, y uno tras otro, día tras día fueron naciendo de forma sucesiva los 9 pollos, apreciándose una diferencia notable de tamaño entre el primer pollo en nacer y el último. Esta técnica reproductiva es útil en años de escasez de alimento, ya que ayuda a la especie a asegurar que al menos alguno de los pollos (los primeros en nacer y por lo tanto de más tamaño) sobrevivan.
El macho fue el encargado de alimentar a la hembra durante la incubación y durante los primeros días tras el nacimiento de los pollos. Con el desarrollo de los hermanos mayores, la hembra comenzó a apoyar a su compañero en el aporte de presas. Ya con ambos progenitores aportando presas al nido, llegaron a contabilizarse noches donde se aportaron más de 40 roedores. Sin embargo, la voracidad de los polluelos es insaciable. A los pocos días tras su nacimiento, murió el más pequeño de los hermanos, debido a la fuerte competencia con el resto de integrantes del nido que ya contaban con un tamaño muy superior al suyo. Esto forma parte de la normalidad y de la estrategia reproductiva de la especie. Sin embargo, una noche a partir de las 5:00 de la madrugada dejaron de registrarse cebas en el nido y, durante la noche siguiente, únicamente apareció uno de los adultos, presumiblemente el macho, algo que se dedujo por su comportamiento, que era algo diferente al de su compañera.
Después de un par de días sin que se registrase la presencia de la hembra, y tras haberse reducido considerablemente el número de presas aportadas por noche, se dedujo que la hembra había muerto. Ante esta situación, y tras consultar con los agentes medioambientales y demás autoridades competentes, se decidió no intervenir, y seguir observando la actividad del nido como hasta la fecha.
Durante las horas siguientes a la desaparición de la madre, los pollos comenzaron a mostrarse más inquietos, probablemente debido a no haberse saciado durante la noche. Como consecuencia de esta situación, se produjeron episodios de cainismo, un comportamiento relativamente frecuente en algunas aves rapaces cuando escasea el alimento. Los pollos de mayor tamaño terminaron matando a los dos más pequeños y débiles, que no eran capaces de ingerir las presas enteras tal y como las aportaba el macho, ya que este no las despieza como solía hacer la hembra.
La noche siguiente a la desaparición de la hembra, el macho consiguió aportar un total de 27 presas, lo que permitió que la situación se estabilizara. Durante las siete noches siguientes, el macho continuó aportando presas de forma regular. Sin embargo, en la octava noche solo aportó alimento hasta la 1:00 de la madrugada y, en la noche posterior, no volvió a aparecer en ningún momento, lo que hizo pensar que podría haber corrido la misma suerte que su pareja.
A la mañana siguiente, ante el evidente debilitamiento de los pollos, y tras una nueva consulta con los agentes y autoridades ambientales, se decidió intervenir. En el interior del nido se encontraron cinco pollos aún vivos y restos de otro muerto, que había sido devorado por los hermanos. Los cinco individuos supervivientes fueron trasladados al CREA de “Los Villares”, donde poco a poco fueron recuperándose y donde continúan creciendo y desarrollándose de forma favorable.
Lo ocurrido representa una situación más habitual de lo que cabría esperar y que es uno de los factores que está provocando el declive de la especie: la desaparición de ambos progenitores durante el periodo de cría.
Aunque no se ha podido determinar la causa exacta de la desaparición, esta podría estar relacionada con factores de origen humano. Una de las posibilidades es que alguno de los adultos quedara atrapado en alambre de espino al lanzarse a la caza de alguna presa, un accidente más frecuente de lo que podría parecer y que supone una amenaza silenciosa para numerosas aves rapaces. Otra posible causa podría ser el atropello accidental de los adultos. Durante el periodo de cría, la actividad de los adultos se multiplica, teniendo que asumir un gran esfuerzo para lograr aportar suficientes presas a la nidada. Es frecuente que esta especie cace en los márgenes de las carreteras, ya que en estas zonas pueden aumentar las probabilidades de caza. Sin embargo, esto supone un peligro evidente de atropello para esta y otras especies. Por último, podría tratarse de un envenenamiento tras capturar un roedor previamente envenenado.
En cualquier caso, este episodio pone de manifiesto, una vez más, la importancia del seguimiento y conservación de especies de gran valor ecológico como la lechuza común, así como la necesidad de minimizar aquellos elementos presentes en el medio rural que continúan representando un grave riesgo para la fauna silvestre.











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